Jesús Eduardo Santos Hernández. ACARYA.
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martes, 27 de septiembre de 2011
Que tristeza da...
Que tristeza da, pereza, tener la certeza de que finalmente, lo pensado en la cabeza, arruinó su corazón, aunque yo no quería mirarlo durmiendo en tu letargo. Pero pasar de largo no basta, cuando al hombre no le alcanzan palabras rotas de amor.
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