Que me olviden los fantasmas del pasado, con su renovada herencia de rencores. A nadie debo favores ni la vida que me alienta. Me sustenta la verdad de mi alma, y la pura vanidad no me alcanza cuando inventan personajes que no soy yo, para taparme con disfraces de intenciones que no son mías. Allá el malabarista de palabras con su quimérica argumentación, no hay lugar para la lamentación donde ahora me encuentro, ni mayor pérdida de tiempo. Tú, y solamente tú, eres el único responsable de la situación en que te encuentras.
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