Algunas veces el olvido se equivoca y revoca en la memoria el rastro del amor. Lo hace por temor del alma a perder un corazón, que en realidad, no tiene mas dueño que la emoción de un sueño, que dura en el universo una respiración de Dios... Y el alma sigue en su empeño perdida, tratando de cerrar la herida, que nunca sanará. Pues no es el amor, sino la llaga eternamente abierta, que sangra en una hemorragia de pasión, que con la daga de su dedo, rasgó la mano de Dios en el tapiz del firmamento, constante universo, pleno en su ilusión
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