Un día estando confiada mi alma en su casa, dejó sin querer la puerta abierta; y una ráfaga de miradas de viento penetró en ella, revolviéndolo todo. Lo hizo con dolo, buscando causar el mayor daño en el corazón de rebaño donde duerme el hombre. Apagó el fuego del hogar y lo dejó a oscuras, ataduras sutiles mostraron visibles sus cuerdas de imposibles calendarios. El mundo tangible desapareció. Luego el viento se marchó y escuché a lo lejos el llanto de todos mis viejos alejarse con él. La cárcel de mis deseos se rompe, y el lugar donde se esconde el verdadero ser, se revela. La casa de la moneda donde vive el ego, no es morada ni asiento de sosiego. Dejó por descuido la puerta abierta, y hoy nunca me olvido, que no hay que cerrarla, que la espalda de la vida son los días pasados, que la falsedad se te aproxima siempre de costado, que caminando hacia ti mi Dios, cualquier dirección me lleva.
Enviado desde mi smartphone BlackBerry 10.
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