Te amo, no es nada extraño ni nuevo. Te amé en el tiempo, en cada tic del péndulo implacable del reloj del universo, en cada tac y aun en cada uno de los silencios entre ambos. ¿Qué puedo hacer yo? Si soy un alma a cuerda, la que nunca recuerda que solo tú tienes la llave. Giran las manecillas locas y mi corazón se alborota en tu recuerdo, aunque muchas veces no entienda tu lenguaje. Será que tu hablas en eones, y yo gasté mis dones en este idioma vulgar. Tu diccionario es un calendario porque solo se te entiende con el tiempo. El mío, en cambio, es muy sencillo, está encuadernado entre los dos pasillos de mi cuerpo, pasado y presente, tan solo tiene una página marcada con una lágrima de amor y una sola palabra escrita, un solo nombre, el tuyo, que hace que este hombre se parezca a Dios. ¡Basta ya de palabras! Tan solo, si te acuerdas, dame cuerda de nuevo cuando tu me quieras.
sábado, 16 de mayo de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
BAÑO
Hoy me he dado un baño de ladrillo y adoquín, y como arlequín enloquecido, bailé y brinqué sin sentido, siquiera un rumbo fijo por las viejas calles de mi infancia. Que lejos quedó la arrogancia de gastar los días por el simple hecho de gastarlos, sin forzar, el proletario de mi ego, a que fueran productivos. La mirada se hizo nueva en lo viejo contemplado, y al otro lado de un amor adolescente, la reja, bostezando de óxido, todavía repite mis sonetos. Las campanas del reloj con sus aprietos de horario, desdibuja el calendario y el corazón se agita en despedía, ¡otra vez nos dieron las once mi vida! Otra vez y es la vejez quien me visita. Ya no puedo dejar,en la mesita de noche, la cinta azul de tu cabello, ¡Que derroche de arrogancia! La robé con premura del suelo, donde tú, con deliberado desvelo adolescente, la dejaste caer para mí, corriendo el velo del cielo de tu frente. ¿Sí yo te amé?, pregúntale a la fuente, que con su voz clemente de agua, te diga en su murmullo donde fueron mis ojos a lavar sus lágrimas. Playa de piedra y hierro, vuelvo a beber de tu boca de león, en busca de un elixir de amor que te devuelva a la vida.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Ocaso
Algún día, envuelto en su color ocre, el ocaso de mis días se llevará todo lo mediocre que se pegó a mi vida. Cerradas por fin todas las heridas mi sangre derramada volverá, cual elixir, como aquellas hojas de menta fresca que su blanca mano solía poner bajo mi almohada. Una secreta voz, que me traslada, me dirá descansa entonces, la paz anhelada ya te alcanza. Mi alma, descalza, volará ligera lejos de su prisión de barro y del letargo gris de los días. Seré nueva melodía lisonjera entonces, criatura alumbrada en partitura, emoción sin razón. Locura, con premura de amantes, que es la razón de mi universo, donde un gran amor, oculto a todo hombre, se esconde en el escenario. Yo sé, de él, su nombre, lo aprendí una vez, en que disfrazado como un hombre, lo escuché en el silencio de la noche, cuando diminutas chispas de mi fuego, arrogantes, competían anhelantes con las estrellas. Me pesan los días como cadena de eslabones de negro humo, forjada en los fogones del hastío.
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Donde Mure el Poeta
Donde murió el poeta quedo recortada la silueta de un verso sobre la acera. Se fue el hombre y quedó en la sombra de sus palabras escondido su nombre. Quien fue nada importa, para quien soporta las cadenas del encierro. Su pluma ligera, se le antoja de hierro, y habla en el destierro de su alma con palabras palomas, que vuelan sobre la ciudad. Murió para ganar la libertad, para vivir como silente estrofa, que repite la brisa cuando sopla, llamando a su amado, quien la dejó preñada de palabras, cuando, en tantas noches de verano, acariciaba de madrugada sus temblorosas manos, y el repetía en vano el que juró sería su último verso de amor.
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domingo, 8 de marzo de 2015
A la Cuna
A la cuna de la media luna del jardín de mis sueños, fueron mis anhelos para dormir. La pluma quedó escondida en el cajón y el borrador de tus desdenes diluía entre sus vaivenes todas las palabras de amor, incluso las no escritas. A la luna y fueron dos, mis anhelos y yo. Para qué pisar más tierra de hombres, si puedo caminar praderas de luz de plata, donde mareas de estrellas en cuya luz viajan los recuerdos del universo entero; me devuelven silentes las emociones del ayer que cadentes forjaron las arrugas de mi frente presente. Ni yo me fui jamás ni tú te hiciste ausente, es tan solo que al beber de la fuente de las aguas del mundo, sucumbimos al sueño profundo y melancólico del amor inconcluso.
El Reverso
Vivo en el reverso de una sonrisa, felicidad adentro, caminado por la cornisa de mis sueños. Hoy es cuanto tengo, y no arriendo ganancias futuras al destino, de cuanto viví no me arrepiento, es la suma de momentos en la pizarra de mi alma quien me da la calma del deber cumplido en donde habito. Azucarillos en el mar, son como sentencias prestadas, palabras tomadas con nocturnidad donde la pluma de humildad del sabio es usada por la codicia del mentecato. A nada me ato, y mi nombre es garabato desdibujado bajo la luz de las estrellas. Si amé no fue pecado, antes bien triunfé aunque me diesen de lado. En el ocaso de los viejos dioses surge la luz de un nuevo hombre enamorado, cumbre de anhelos, valle de desencantos, pintaré de olvido tu rostro cuando me quede a vivir en el color de algún pájaro.
jueves, 26 de febrero de 2015
Ámate a ti mismo
Con nueva copla de egoísmo me dijo una una voz en el abismo del tiempo de los hombres, "Ámate a ti mismo" y se veloz porque tú eres los más importante que posees y el tiempo es atroz y te robará cuanto tienes. Y yo le respondí al cantador de ególatras coplas, que esta vez me resultaría muy fácil , porque todo mi yo ya no es sino ella, y en esa dulce forma rompí la horma mortal donde mi alma yace, herida en el combate del amor, y fui en busca de su vida más allá de mi muerte.
domingo, 22 de febrero de 2015
La Lluvia de su Pelo
Tal y como el agua caía del cielo, aquella tarde de tormenta, cayó la
lluvia de su pelo sobre mi cara en torrentes oceánicos de ondulado
terciopelo. Era entonces mi tormento, una vieja herida sin sanar sobre
mi pecho. Mis manos extendidas trataban de asir el sueño inalcanzable de
su rostro. Dos círculos concéntricos de eternidad azul dejaban escapar
el brillo tímido de una lágrima en el borde pupilar del universo. No fue
un sueño, hoy lo sé porque siempre he sido dueño de la nada
cabalgando caminos de espada y esperanza. Relámpagos homicidas de
sombras desvelaron en la alfombra el encuentro de dos almas. Truenos de
voz ronca, quebrada como rugidos de mar mordiendo rocas, gritaron que el
amor es imposible mientras que yo, impasible, quedé rehén en el vaivén
de sus caderas. Cabalgué praderas prohibidas mientras el caballo loco
de mi alma saltaba troncos de añoranza. La esperanza se volvió violeta y
vestida, mujer fría y coqueta, en esta singular manera, me dijo adiós
en el ocaso púrpura del horizonte de mis recuerdos.
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