Hoy me he dado un baño de ladrillo y adoquín, y como arlequín enloquecido, bailé y brinqué sin sentido, siquiera un rumbo fijo por las viejas calles de mi infancia. Que lejos quedó la arrogancia de gastar los días por el simple hecho de gastarlos, sin forzar, el proletario de mi ego, a que fueran productivos. La mirada se hizo nueva en lo viejo contemplado, y al otro lado de un amor adolescente, la reja, bostezando de óxido, todavía repite mis sonetos. Las campanas del reloj con sus aprietos de horario, desdibuja el calendario y el corazón se agita en despedía, ¡otra vez nos dieron las once mi vida! Otra vez y es la vejez quien me visita. Ya no puedo dejar,en la mesita de noche, la cinta azul de tu cabello, ¡Que derroche de arrogancia! La robé con premura del suelo, donde tú, con deliberado desvelo adolescente, la dejaste caer para mí, corriendo el velo del cielo de tu frente. ¿Sí yo te amé?, pregúntale a la fuente, que con su voz clemente de agua, te diga en su murmullo donde fueron mis ojos a lavar sus lágrimas. Playa de piedra y hierro, vuelvo a beber de tu boca de león, en busca de un elixir de amor que te devuelva a la vida.
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