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domingo, 27 de abril de 2014

Y sí, mi Dios

Y sí, mi Dios, es cierto, que he nacido en descubierto de todas las buenas cualidades, y que en este sueño de edades compro irrealidades que me vendió el fenicio del tiempo. Que aún antes del gozo, quedó establecido el arrepentimiento.

Y sí, mi Dios, es cierto, que tengo por cierta la muerte y siendo tan perra mi suerte se aferra mi mente a su tabla de deseos, como un naúfrago a su esperanza. Y que también, a veces, no me alcanza la palabra ahogada en el océano de emociones, donde algunas noches, silente y misteriosa, se escapa mi alma mariposa en el batir de versos, con sus alas de converso hacia la luz del amor que me provocas. Luego regresa para rezarle preces a los peces de plata en la laguna. Hechizo de luna sobre sus aguas, ilusión vana, reflejo de desganas, añoranza de una paz que no me alcanza.

Y sí, mi Dios, aún te sigo el juego, mientras cuervos de alas negras de envidia graznan, pero ya no me importa, porque no hay bandada que no se canse, y volando a cualquier parte, sea presa del aguila; ni mal que me alcance a mi, si yo escuchándote a ti y no a ellos, me pierdo en tus negros cabellos, peinados de estrellas blancas.

Qué sabrá la arrogancia de ningún hombre, sobre aquello que substancia los cimientos de mi alma.

Enviado desde mi smartphone BlackBerry 10.

martes, 25 de marzo de 2014

Hubo una vez un tiempo

Decimos, siempre decimos, hablamos sin parar inmersos en el estruendoso silencio de la soledad. Una sociedad de ignorantes con información ha sustituido a otra, la del profundo humanismo, aquella del poético encuentro con los valores íntimos del ser; reemplazada por un vivir teniendo, por morir en el tener. Hubo un tiempo, no tan lejano, donde un ayer de pensamiento espiritual soñaba un mañana para el hombre, muy distinto de este presente famélico de emociones. Cuando el hombre aún no invertía cada presente en el futuro, y conjugaba seguro el verbo filosofar, en aquel entonces, puesto a soñar el hombre, lo hacía con Dios, con los dioses. La India inmortal iluminaba, desde su lejanía, la cercanía individual de todos los grandes filósofos en su amor por la construcción del templo perfecto. Ese lugar secreto que esconde el corazón y adonde solo uno tras uno mismo puede penetrar, siguiendo la huella del maestro. Los Vedas recogían los grandes secretos, universos multiverso, dimensiones mucho más allá de las cuatro que nos encierran. Expansión y contracción de la manifestación cósmica, representada en la exhalación e inhalación eternas de Maha Vishnu, cuando éste simplemente...sueña. Viajes interplanetarios, batallas ocurridas en lejanos cielos, donde un hombre incipiente, escapa y se transforma, homínido reconvertido, en aspirante a semidiós. La Gran Arquitectura del Universo, descrita en verso converso de los dioses, en lengua pura para hombres, el sánscrito, mientras Brahma, el Gran Arquitecto, diseña bóvedas celestes, donde huestes de futuros aprendices labran sobre la piedra de su evolución, el diseño original que sus almas esconden. Antes que ninguna otra cosa, la vieja India nos enseña que los hombres construyeron sobre roca deforme, la perfección geométrica y barroca de su proyección hacia lo más alto. La India de los grandes templos, de las casas de la sabiduría, el gurukula, donde nada se escondía sino de la mirada presurosa de los monos, que hacen de cualquier arte, parte pragmática de su eterno peregrinar buscando, que tristeza, simplemente plátanos. El conocimiento revelado por el propio esfuerzo del aspirante a conocer los secretos, no tenía nada que ver con la información para ignorantes que este mundo globalizado nos vende. Terrorismo publicitario, noticiario cotidiano donde se puede extender basura sobre toda criatura que por pensar, piense que puede decir lo que siente, y aún peor cuando ese loco quiere hacer lo que dice y piensa. No está la despensa para ser compartida, mejor es matarle, primero intelectualmente, cuando no difamarle, y por fin, caso de ser preciso porqué no... matarle físicamente. Así luce esta herida de ignorancia sobre el rostro cansado de la modernidad.

Hubo un tiempo , dije antes, aunque para mi ser no exista ni ese antes, ni aún un después, donde podíamos soñar la libertad que el sueño de Dios nos otorgaba. Pronto no quedaran miradas para dar fe de que hubo una vez un hombre que habitaba la tierra fecunda de sus anhelos, que buscando lejanos cielos componía en la armonía de la música, del arte, de la poesía, fragmentos de obras vivas para que los muertos del mañana encontraran su alimento. Cortoplacistas desaforados, rinocerontes desenfrenados, hacen del juego de ganar primero, aquí y ahora, la condena de la tierra. El hombre se ha apartado de la búsqueda armoniosa del conocimiento filosófico que armoniza toda ciencia, en pos de la explotación económica. Nunca dejó de haber esclavos, no hay peor cadena, que la ignorancia, ni peor tirano que un esclavo con un látigo en la mano. Dentro de pocos años, cuando gobiernen los niños que estamos amamantando con humo, en un sistema educativo del sumar y restar, del perder y ganar habremos perdido todo lugar sobre el planeta. Una nada vendrá desesperada a roernos la paz con su bomba de neutrones. Tenemos que volver a la escuela nuevamente, a los viejos maestros, ancestros puros del conocimiento eterno. La India nos enseñaba que nacimos prisioneros de “avidia”, la ignorancia sobre la verdadera naturaleza de las cosas, y tomándolas por otras alimentamos la envidia codiciando sueños de prestigio, quimeras de fortuna, adoquines plateados de la luna que nunca poseemos. Maya, la ilusión, es la única protagonista y nubla la razón del mono, pero no puede engañar al corazón del poeta con un plátano. Nos dicen los antiguos brahmanes que necesitamos, como trompetas místicas de Jericó, proclamar y seguir un conocimiento superior que derribe las murallas de la ciudad de nuestra ignorancia, que con sus nueve puertas, dos ojos, dos oídos, dos fosas nasales una boca y dos esfínteres, nos encierra bajo la guardia perfecta y constante de nuestro falso ego. Aquello que creo que soy, es aquello en lo que me convierto, porque puestos a soñar despiertos, nos dejó Dios parte de sus sueños escondidos en la arquitectura perdida de este universo.

Hermanos aprendices me convocan a un taller, y yo les digo, que vengo mendigo de emociones, que perdí todas mis razones en el compás que me muestra la curvatura del universo, que el ayer no fue sino taller de mi vida, forja en mi derrota de la inmortalidad del hombre. Vengo a mucho más que levantar columnas, vinimos a levantar a un hombre que vive de rodillas para que construya su templo mientras dura el tiempo aparente y ficticio de todas las cosas sobre el horizonte. Antes de que un viento de olvido esmalte en oscuridad todos los colores del sueño de este universo.


Y ya me voy, mi discurso se adentró en el salón de las palabras perdidas, pero dejo, entre las columnas de mi alma, dos heridas, la de la muerte y la de la vida y el amor que las provoca, para que enterrado mi orgullo en la mortaja de sus sombras, encuentren aprendices capaces, martillo y cincel para trabajar en templos que jamás se derrumban. Porque sabed que no hay tumba lo bastante grande en el universo para enterrar el amor.  

lunes, 17 de febrero de 2014

El Otro Lado

Siempre al otro lado, en el costado ignoto de lo imposible, sueña, peregrina el alma, con quimeras intangibles. Estrellas de sílabas pueblan la noche del poeta, con titilar métrico, en galaxias de poemas. Qué lugar ocupa la razón en el corazón de la herida, es causa perdida para un amor que nunca cicatriza, para un anhelo que jamás termina. Amar es una enfermedad que solo tiene fiebre de subida. Mi amor es luz de lejanos soles, que bañan de azul el presente, aunque murieron en el pasado. El otro lado del alma es emoción que viaja más rápido que toda luz del universo.

miércoles, 22 de enero de 2014

Amor Imposible

Tengo un amor infectado, clavado en un costado junto a mi corazón. Se quedó a corta distancia de ser un amor verdadero, y aunque no le guardo duelo, duele en su latente herida, que cosida de imposibles es imperdible sustentado en un pliegue del alma con la vida, justo allí donde se requiere más calma, en la juntura misma del corazón y el espíritu vivo, allí se hizo la herida. Quien no alimenta la emoción muere de anemia de caricias, y quien la nutre con delicias, muere luego de amor. Ya no le pongo voz a ningún retrato y he cerrado un trato con el pintor, que lienzos con retratos del ayer ya no le compro, porque hay ojos con mirada de bodegón ocultos en ellos.

jueves, 16 de enero de 2014

Duelo de Palabras y Silencios.

Aquellos que me enfrentan con sus palabras les digo que el tiempo me enseñó a enfrentar con mi silencio. No es ariete de calumnia el que puede romper la puerta de la ciudad de mis secretos. No es cierto que quien calla otorga, antes bien que no le importa el ruido de las olas rompiéndose en saliva blanca de palabras al chocar contra las rocas. Aquél que mira el mar, esperando ganar su libertad al final del horizonte, no dejará de soñar por los rumores de la orilla. No me insulta la vida, lo hace un hombre muerto, y no me sumo a su desierto de emociones, al destierro de la envidia. El aire llena mis pulmones y late el corazón en sus arterias, materiales de universo que construyen el reverso de emociones donde hábito. Yo nunca me pierdo de mi mismo y tú, dueño y señor de tu egoísmo de espuma, jamás te encuentras.

miércoles, 15 de enero de 2014

La Piel del Mar

He llegado, embriagado de tiempo, hasta la orilla, y clavado de rodillas, rasgando con mis uñas he arrancado la piel del mar, buscando la sal de tu recuerdo en sus entrañas. No veo tus huellas en la playa, y mis ojos son espuma blanca, y tu ausencia remolino de olas que suben con la pleamar de mi amor oculto, y se pierden en la bajamar del olvido con lunar puntualidad; mientras un maldito selenita, que vive escondido en mi corazón de calendario, me marca a diario todas las fases de tu amor. Y yo le quito la piel al mar, y él me desgarra en mi carne mortal buscando al Dios de mi libertad.

domingo, 12 de enero de 2014

Payaso

Hay una nota que siempre pende, querido payaso ausente, en el abismo indiferente de tu saxofón. Viejo payaso de la risa, una lágrima dibujada en la cornisa de tus ojos llora por mí, mientras haces sonar la melancolía convertida en melodía de la calle. Acompañas el circo de la vida bullicioso, perdido en un rincón hermoso de mi ciudad. Tus notas me embriagan de ayer, perfuman mi soledad con almizcle de estrellas, y vuelve un muchacho borracho de palabras, embriado de silencios, a escucharte cada dia. El niño soñaba con ser artista y el circo de tres pistas de la vida, se le quedaba pequeño. Quedó suspendido el sueño en tu música, ayer hoy y mañana quedaron dentro del circo, porque el arte que anhelaba era silente esperanza, preñada de eternidad.

domingo, 5 de enero de 2014

Mi Caballo y la Soledad.

Para caminar, me alcanza mi caballo; para soñar, la libertad. El camino de los siglos es mi destino, y su norte tu recuerdo. Estrellas de azúcar me hacen guiños desde el cielo y mi caballo se vuelve sumiso, pidiéndome descansar. Hoy se cubrió otra jornada y será mañana otra más. Llevo como mapa una instrucción que me guía, y en la solapa una flor de soledad prendida con el alfiler de los días del hombre; a quien mi caballo le canta con el sonido monótono y acompasado de sus cascos, equino juglar del sendero, que partí en busca de un universo entero, que a los noventa perdí la cuenta de los días, que lejanos ocasos me enamoran, que pasé todas las horas conociendo a un sólo hombre, que repetía un nombre de Dios en cada hoja de los árboles que cruzaba. Y la flor escucha y mi caballo repiquetea de metal las piedras de las majestuosas montañas. Luego cruzando entre las cabañas de alguna vieja aldea, extrañas miradas me contemplan y alguien exclama, ¡Es un caballero andante! Y sonríe mi equino en su relincho y niega con el movimiento de su cabeza, diciendo: Mi señor es caballero soñante, porque por andar andante, ya no sigue caminos, solo los abre para que otros los transiten. Él ya se conoció como hombre, en un mundo de hombres ignorantes.