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sábado, 30 de mayo de 2015

El Alba.

El alba azul de tus pupilas te dio mirada de amanecer, y yo, siendo poco más que un niño, ya quería atardecer a tu lado. Te observaba, a diario en furtivo calendario de costado, desde mi corazón de nido, a la vuelta de todas las esquinas. No hay una sola piedra de nuestra calle que no conociera entonces tu nombre, porque cada uno de mis pasos, no importa dónde fuera soñando contigo, llevaban impresos su sonido. Huellas de amor y barro, la lluvia de los días de invierno diluyó tu vida, más nunca tu recuerdo. Una sonrisa, temprana como el rocío, fue tu primer regalo aquella mañana lejana, donde gorriones de pluma blanca de bufanda de abuela, volaban a la escuela apretando entre sus manos, apenas dos monedas para algunos caramelos. Y entre todos, yo, sintiéndome tan hombre siendo apenas un niño, crecido de anhelos, tocando todos los cielos por tu risa. Tú, envuelta toda de azul en tu abrigo, caminabas con paso presuroso por el frío, mientras que, perdido como naufrago del tiempo, corría decidido en el bote de mi timidez, tras el humo blanco de la chimenea de tu aliento. Barco donde hubiera realizado todas las travesías del mundo, sin abandonar ningún puerto, sin trazar ningún rumbo,bastaría entonces con no salir de tu lado ni un segundo, al costado de la eternidad de tu alma, viviendo toda la calma y la tormenta de las emociones que Dios regaló al hombre. El alba azul de tus pupilas veo al fin, en el ocaso de mis ojos rojos. Mis lágrimas son abrojos de todos los enojos de amor de este viejo y triste niño hombre. Nunca se me borró tu nombre en la vida, menos aún lo será en la muerte. ¡Que suerte alma mía!, que suerte, si para quererte dicen que es la mañana más fría del invierno, pero yo siento el calor de aquel niño, cuando salgo a tu encuentro nuevamente siguiendo el rastro de la chimenea de tu aliento, mientras tú, vestida toda de azul radiante, te detienes, y dejas que éste naufrago de tu amor, en su deriva, por fin te de alcance.

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Sentido.

Quedé entonces dormido, herido de recuerdos ardía en la hoguera de los sueños. La noche era fría, siempre lo fueron contigo, fría como los latidos del corazón de la estatua de una diosa. ¿Cómo pude entonces quererte? Me sigo preguntando al alba de mis pupilas. Si pude sin mirarte verte, corriendo veloz para perderte. Nunca me lamento de mi suerte, pues si para alcanzar el cielo quedé prisionero de tu infierno, no puede haber arrepentimiento, ya que saliendo de él entonces, me situé un paso más cerca del firmamento.

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Estaciones.

De estación a estación déjame un rincón para tu recuerdo. Porque el tiempo es un viejo perro que muerde antes que ladra, y en su cueva macabra del olvido están prisioneros todos los suspiros del hombre. Te amé de blancura en el invierno, de locura primaveral, arrebato estival y sosiego de otoño y quise mirar a los ojos de retoño de todos los hijos de la tierra, pero no te vi a ti. ¡Oh Alma escondida! Tu huella perdida me alimenta, y atravesando la tormenta de emociones del corazón, a tu antojo, te dejaste ver una sola vez de reojo y ya no te pude olvidar. En las noches serenas el cielo es olivar de luna, y aceitunas de nácar de estrellas se caen del árbol de la eternidad , y con su fruto maduro prensé el aceite de todos mis sueños, apretando muy duro contra mi corazón, en la almazara de la soledad. Si hay un lugar para mí, que sea tu recuerdo, porque sin él ya estoy muerto aunque digan que viví.

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La Muerte de los Héroes.

Si con la muerte de los héroes se alcanza la gloria, entonces la memoria del hombre es el infierno por donde se precipitan, en abismos de olvido, todos los ríos de su estéril sangre. ¿Qué importa tu interior? Hay un destino superior, un deber que cumplir , más no existirá otro haber que el de la postrera lágrima que tus ojos derramen. Siempre queda el pasado amarillo de un libro de historia, para mayor gloria de bibliotecarios, mientras el hombre, hipotecario del tiempo, vende sus mañanas como si fueran presentes sin aprender nada de las voces del ayer, que gritaron libertad para ganar la tierra estéril que los mercaderes siguen vendiendo. Reinos sin rey, repúblicas de plata, naciones sin gobierno presididas por avaros coronados con honor de hojalata. Taberneros palaciegos que rompen cántaros de sueños con embriagador vino de la viña donde pisaron las uvas de los sacrificados. Pueblo sin cultura formado, no educado, ducados de falsa ciencia arrogante, poetas amordazados; y cautivo el arte, reza en alguna parte desde el corazón de un niño, a quien la última abuela, de alguna lejana tierra, le contó con cariño, la leyenda de aquellos héroes. Y él, al quedarse dormido, desde el corazón de nido del universo, será escuchado y un nuevo soldado galopará campos de estrellas para pelear por él otra vez...

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Guiados.

Y fuimos guiados, en los recovecos del camino, por un suspiro entrecortado, mitad anhelo del alma, mitad olvido del cuerpo en su descuido. Aprendí que no era cierto, que nunca hubo un tiempo muerto en el amor, pues es como el silencio del corazón entre dos de sus latidos. Y dejando agotados los sentidos por el ruido, quedé sordo de necedades, que las mocedades del alma no precisan de artimañas ni distracciones, ni serán, los ojos míos, nunca más trampa de apariciones, para mentirosos fenicios, mercaderes de emociones. De cuanto soy siempre fui, aunque entonces no lo supiera. Hoy te quedas fuera, fingida compañera, enredadera de la alcoba. No tomaré más cucharadas de la sopa boba de tu codicia. Hoy me acaricia el alma una brisa de universo, donde lo fingido, tuyo, mío o nuestro, dejó de tener sentido.

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sábado, 16 de mayo de 2015

Te Amo.

Te amo, no es nada extraño ni nuevo. Te amé en el tiempo, en cada tic del péndulo implacable del reloj del universo, en cada tac y aun en cada uno de los silencios entre ambos. ¿Qué puedo hacer yo? Si soy un alma a cuerda, la que nunca recuerda que solo tú tienes la llave. Giran las manecillas locas y mi corazón se alborota en tu recuerdo, aunque muchas veces no entienda tu lenguaje. Será que tu hablas en eones, y yo gasté mis dones en este idioma vulgar. Tu diccionario es un calendario porque solo se te entiende con el tiempo. El mío, en cambio, es muy sencillo, está encuadernado entre los dos pasillos de mi cuerpo, pasado y presente, tan solo tiene una página marcada con una lágrima de amor y una sola palabra escrita, un solo nombre, el tuyo, que hace que este hombre se parezca a Dios. ¡Basta ya de palabras! Tan solo, si te acuerdas, dame cuerda de nuevo cuando tu me quieras.

jueves, 14 de mayo de 2015

BAÑO

Hoy me he dado un baño de ladrillo y adoquín, y como arlequín enloquecido, bailé y brinqué sin sentido, siquiera un rumbo fijo por las viejas calles de mi infancia. Que lejos quedó la arrogancia de gastar los días por el simple hecho de gastarlos, sin forzar, el proletario de mi ego, a que fueran productivos. La mirada se hizo nueva en lo viejo contemplado, y al otro lado de un amor adolescente, la reja, bostezando de óxido, todavía repite mis sonetos. Las campanas del reloj con sus aprietos de horario, desdibuja el calendario y el corazón se agita en despedía, ¡otra vez nos dieron las once mi vida! Otra vez y es la vejez quien me visita. Ya no puedo dejar,en la mesita de noche, la cinta azul de tu cabello, ¡Que derroche de arrogancia! La robé con premura del suelo, donde tú, con deliberado desvelo adolescente, la dejaste caer para mí, corriendo el velo del cielo de tu frente. ¿Sí yo te amé?, pregúntale a la fuente, que con su voz clemente de agua, te diga en su murmullo donde fueron mis ojos a lavar sus lágrimas. Playa de piedra y hierro, vuelvo a beber de tu boca de león, en busca de un elixir de amor que te devuelva a la vida.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Ocaso

Algún día, envuelto en su color ocre, el ocaso de mis días se llevará todo lo mediocre que se pegó a mi vida. Cerradas por fin todas las heridas mi sangre derramada volverá, cual elixir, como aquellas hojas de menta fresca que su blanca mano solía poner bajo mi almohada. Una secreta voz, que me traslada, me dirá descansa entonces, la paz anhelada ya te alcanza. Mi alma, descalza, volará ligera lejos de su prisión de barro y del letargo gris de los días. Seré nueva melodía lisonjera entonces, criatura alumbrada en partitura, emoción sin razón. Locura, con premura de amantes, que es la razón de mi universo, donde un gran amor, oculto a todo hombre, se esconde en el escenario. Yo sé, de él, su nombre, lo aprendí una vez, en que disfrazado como un hombre, lo escuché en el silencio de la noche, cuando diminutas chispas de mi fuego, arrogantes, competían anhelantes con las estrellas. Me pesan los días como cadena de eslabones de negro humo, forjada en los fogones del hastío.

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